Una empresa puede celebrar un contrato que, en apariencia, parece civil, como la compra de mobiliario de oficina, el arrendamiento de un almacén o la contratación con un proveedor de servicios tecnológicos. Sin embargo, ese contrato puede adquirir carácter comercial si está vinculado a la actividad de la empresa y a las necesidades de su comercio. Aquí aparece una idea importante del derecho comercial llamada: actos comerciales por accesoriedad. Es uno de los conceptos con mayor impacto práctico en los contratos empresariales, porque demuestra que la calificación del acto no siempre se determina por su naturaleza abstracta, sino por su relación con la actividad comercial.
Los actos comerciales por accesoriedad son actos que no se consideran comerciales por su naturaleza si se observan de manera aislada, pero se vuelven comerciales porque fueron realizados por un comerciante o una empresa para las necesidades de su comercio. Comprar un automóvil privado para uso personal no es, en principio, un acto comercial. Pero si una empresa de distribución compra vehículos para entregar sus productos, ello entra dentro de su actividad comercial, no porque la compra de un vehículo sea siempre un acto comercial en sí misma, sino porque es accesoria al comercio de la empresa y necesaria para su operación.
La idea central aquí es que el acto sigue a la actividad a la que sirve. Si el acto está vinculado al proyecto comercial y tiene por finalidad apoyar, operar, facilitar, financiar o proteger esa actividad, puede adquirir carácter comercial por accesoriedad. Por esta razón, los contratos empresariales no pueden evaluarse solo por su título, sino que debe analizarse su contexto: ¿por qué celebró la empresa este contrato? ¿Cuál es su relación con su actividad? ¿Sirve a su producción, ventas, suministro, financiación u operación? ¿Fue celebrado por una necesidad comercial o por un propósito separado del comercio?
Los actos comerciales por accesoriedad aparecen en muchas formas dentro de las empresas. La compra de computadoras para los empleados de una empresa tecnológica, la contratación de un sistema contable para gestionar las facturas de un establecimiento comercial, el arrendamiento de un almacén para guardar mercancía, la contratación con una empresa de transporte para entregar pedidos, la compra de materiales de embalaje y la contratación con una agencia de marketing para apoyar las ventas de una tienda, todos ellos pueden ser actos accesorios a la actividad comercial, aunque algunos de estos actos puedan parecer civiles si son realizados por una persona común con un fin privado.
Esta clasificación es muy importante cuando surge una disputa. Una de las partes puede argumentar que el contrato no es comercial porque no pertenece a los actos comerciales originarios, mientras que la empresa considera el contrato como parte de la operación de su actividad comercial. Aquí, la cuestión no está solo en el nombre del contrato, sino en su relación con el comercio. Un contrato que sirve a la actividad de la empresa y afecta su capacidad de vender, suministrar, cobrar u operar no siempre puede entenderse separado del entorno comercial en el que fue celebrado.
En la práctica, la idea de los actos comerciales por accesoriedad ayuda a las empresas a construir contratos más precisos. Cuando el establecimiento contrata con un proveedor de servicios tecnológicos para gestionar su tienda electrónica, el contrato no debería redactarse como un servicio tecnológico ordinario, sino como un servicio que afecta las ventas, los pedidos, los datos de clientes y la continuidad del negocio. Cuando la empresa arrienda un almacén, el contrato no se refiere solo al uso del lugar, sino también a la conservación de la mercancía, la gestión del inventario y la reducción de riesgos de daño o retraso. Y cuando contrata con un transportista, la relación no se limita al precio del transporte, sino que se extiende a la entrega, la responsabilidad, el retraso y la indemnización por daño.
Por ello, no basta con que la empresa pregunte al contratar: ¿qué tipo de contrato es este? También debe preguntar: ¿qué función cumple este contrato dentro de la actividad comercial? ¿Apoya la operación? ¿Afecta los ingresos? ¿Está vinculado a la entrega de productos, la gestión de clientes, la conservación del inventario o la financiación de la actividad? ¿Su incumplimiento puede provocar la interrupción de una parte del negocio? Estas preguntas ayudan a comprender si el acto es civil independiente o comercial por accesoriedad.
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